Vi la función de anoche a través de la retransmisión de Ópera Oberta. Si tuviera que hacer una definición del espectáculo, podría resumirse en la palabra
IRREGULARIDAD. Pero vayamos por partes.
Me ocurrió lo que nunca creí posible: llegar a aburrirme en
Cavalleria, ópera que adoro y que conozco de principio a fin. La dirección de
Daniele Callegari fue lenta, más bien lentísima, rozando lo inexplicable en momentos como el brindis "Viva il vino spumeggiante", a paso de procesión. Se nota que llega la Semana Santa
–
Marcello Giordani estuvo razonablemente bien, sobre todo en la emocionante despedida "Mamma, quel vino é generoso". Esperaba más de él después de su
Fanciulla en el Met, pero el conjunto de su actuación en este título me pareció satisfactorio.
–La Santuzza de
Ildiko Komlosi es descafeinada; no está mal, pero tampoco arrebata. Y su voz es realmente indefinida.
–En Alfio,
Marco di Felice hizo bastante más que cumplir, además de que en la actualidad es una auténtica rareza ver a alguien con voz de barítono haciendo papeles de barítono, habida cuenta la ralea de ladradores y de tenorinos metidos a barítonos que circulan por ahí.
–No conocía a
Ginger Costa–Jackson, y me sorprendió agradablemente el timbre y color de su voz en el breve papel de Lola, dando relieve a la atractiva canción "Fior di gaggiolo". Por respeto me abstengo de decir nada acerca de
Josephine Barstow.
–Lo del
coro no tiene nombre, sobre todo las voces femeninas, que en ocasiones llegaron al graznido. Y desajustes con la
orquesta, los que se pidan.
–La
puesta en escena era vieja, viejíiiisima. No me había gustado la de Giancarlo del Monaco, que parecía estar ambientada en Siberia o en una marmolería, pero es que ésta se cae de ruinosa. Por muy Liliana Cavani que sea, es una producción absolutamente trasnochada. La procesión es una cutrez de cuatro gatos con unas andas, el cotilleo del vecindario tras las cortinas de los balcones es reiterativo hasta el aburrimiento… Mal.
En conjunto, me pareció mejor
Pagliacci, con sus matices:
–Se notaba cansado a
Marcello Giordani, incluso a punto de romper en más de una ocasión. Su Canio me gustó mucho desde el punto de vista interpretativo, pero la fatiga vocal era más que evidente aunque no regatease sus agudos poderosos.
–Lo de
Ángeles Blancas es más de lo de siempre: abundantes tablas, trompetazos por doquier y voz estridente.
–Sobre el Tonio de
Andrzej Dobber ya se ha dicho de todo, menos que fuese bueno. Hay prólogos mejor cantados, me consta.
–Silvio fue anoche el sosísimo
Jean–Luc Ballestra. No fue satisfactorio en lo vocal, y aún menos en lo escénico. Un poste de teléfonos sería más apasionado.
–Tampoco digo ya nada de
David Alegret en Peppe: en su tónica.
–La
dirección de orquesta estuvo mejor que en
Cavalleria, y también encontré más acertada esta
producción, aunque escasamente novedosa: la ambientación entre neorrealista y felliniana ya no sorprende a nadie.
En suma: las eternas siamesas
Cav/Pag resultaron muy inferiores a otros espectáculos de la presente temporada, como la magnífica
Lulu con dirección de escena de Olivier Py, o el maravilloso
Parsifal de Guth. Fue un bajón injustificable. Verismo sí, pero no así.