Me permito incluir la critica de uno que tambien escuchó la función del día 15
Carlos Tarín de ABC Sevilla
http://www.abcdesevilla.es/20110217/cul ... 10217.html"Ni crisis, ni nada. El papel agotado para todas las representaciones y con protagonistas andaluces: un jerezano y dos granadinas. Y dos reflexiones: ¿si se llena un teatro todos los días con la zarzuela, por qué no aumentar los títulos por temporada? La segunda: en 20 años el Maestranza no ha sacado ni una sola voz como Jordi, Moreno, Cantarero o Carlos Álvarez ¿por qué? Porque hay que invertir. La escenografía apostaba por el minimalismo, con marcos lineales y concéntricos articulados, que ni ambientaban ni estorbaban, y que se humanizaron luego merced a la silueta de unos árboles, mobiliario y una cálida iluminación. La acción se desplazaba a principios de los años 20, lo que condicionaba los gestos coreográficos, de los que participaba el coro de manera exhaustiva, esfuerzo añadido. ¿El vestuario participaba de alguna inspiración de «El sombrero de tres picos» picassiano? El generoso elenco vocal presentó una excelente media. Conviene recordar la dificultad que esta zarzuela plantea para ambos protagonistas, y que en el caso de Francisquita se concentra en su famosa «Canción del ruiseñor», que la granadina resolvió extraordinariamente bien, a pesar de que la dirección de escena la llevó al fondo y la sentó (?!), aunque para los imposibles «gorjeos» necesitara levantarse, apoyando muy bien y manteniendo el «tempo». El agudo final, atacado directamente, quedó algo corto. Derrochó elegancia, delicadeza, buen canto y belleza tímbrica. Jordi recuerda a su maestro Kraus en similar nivel de detallismo en cada frase, en cada quiebro, para que su canto resulte corpóreo, pleno, hasta en los apianamientos más delicados... Pareció relajado al abordar algunas intervenciones, como la romanza «Por el humo se sabe…», que han cantado todos los grandes tenores españoles (Kraus, Domingo, Carreras, Aragall, Fleta…) y que arrancó la mayor ovación del público. Julio Morales firmó un Cardona muy digno, con buen volumen y clara dicción. Milagros Martín ofreció una Beltrana chispeante, rica en expresividad, pero la tesitura la forzó a cambios de color; el número que más se le ajustó fue el «Marabú», que bordó con su gracia y desparpajo. Por último, destacaremos el magnífico lañador de Manuel de Diego y al Cofrade 1º, Miguel Ángel Sánchez Cuevas, coralista, sorprendente en emisión, volumen y dicción. El coro parece más equilibrado, ofreciendo momentos de gran nivel; pero la disposición alargada en el Coro de Románticos los hombres quedaron algo desajustados, (aunque a las mujeres no les pasó…). Ortega conoce el sentido de la obra, pero a veces no hila fino, y se les escapó la introducción y el final, demasiado deslavazado y tosco, con trombones hirientes. Color castizo embriagador con las bandurrias cordobesas. El público aplaudió, disfrutó y se sorprendió con la música castiza de Amadeo Vives, el que cantó Madrid como nadie, y el que rezó sus últimas oraciones en catalán desde su piso con vistas al Retiro… Cada número un acierto, cada producción zarzuelística maestrante, un recuerdo."