|
Aunque servidor va a la ópera predispuesto a ver la botella medio llena, rara vez salgo entusiasmado.
Pus bien, el miércoles 22 disfruté como un enano. Hacía mucho tiempo que no soltaba un bravo (hooliganiano quasi-orgásmico - brrraaaaaaaaaaoooouuooooo) tan a gusto como el que solté al acabar el segundo acto.
Los principales responsables, la orquesta (a su acostumbrada altura de matrícula de honor) y Maazel.
En una obra tan orquestalmente espectacular, Maazel se decantó, antes que por la brillantez, por la intensidad. Los climax no quedaron en mera mascletá: Maazel los graduó con impecable técnica, para dar el 100% en el momento oportuno; reteniendo los tempi, pero no durmiéndolos. Pero no sólo fue eso. Maazel hizo participar a la orquesta en el devenir dramático (perfecta plasmación por los cellos sobre el redoble del bombo de las dudas Calaf antes de la tercera respuesta); y no bajó la guardia en ningún momento (interludio de transición entre el primer y segundo cuadro del acto II).
Gracias doy al Cielo y a mi señora (por haberme dado el oportuno permiso) de haber podido presenciar una de esas funciones en la que el maestro (puesto ya el pie en el estribo) destapa el tarro de las esencias.
Y aunque parezca mentira, también los señores cantantes estuvieron sobresalientes.
Los de la parte de lucimiento, notables. Tsymbaliuk, se gustó en el tercer acto y Vulgarcita estuvo muy bien (aunque sin ese plus de las grandes). Ambos braveados y aplaudísimos al final.
Los de la parte chunga, sobresalientes.
Matos pudo con el ingrato papel, lo cual equivale a decir que mereció mucho más que el protocolario aplauso del respetable.
Mención aparte lo de Francesco Hong. Visto su porte escénico y su actuación en lo que llevaba de primer acto, mentalmente le asigné ya mote: Paquirrín. Pero … con su último “Turandot” antes de darle al gong, Hong nos puso en la pista de que allí había “algo”.
Efectivamente, en el segundo acto, Paquirrín ascendió a la categoría de Don Francisco: homogéneo, sobrado, timbrado, incisivo. Magnífico nessun dorma.
Como la Matos, también recibió tibios aplausos. A mí plim, pues ya puedo morirme tranquilo: por fin he oído en vivo a un Tenor (así, con mayúsculas y todas las letras).
Saludos.
PD 1: escenografía y dirección escénica de chichinabo, digna de una revista de Lina Morgan. Por lo menos, no molestaba. Eso sí, como decía mi vecina de butaca “qué bonics els tratjes”
PD 2: primer lleno absoluto que presencio en Les Arts. Conjuntos caros y orgía de supertaconazos en ellas y mayoría abrumadora de traje chaqueta en ellos.
Asistió la sra. Alcaldesa, que casi me arrolla (ella y su séquito) en el primer descanso.
|