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Ver en una semana tres Traviatas con tres repartos diferentes y tres excelentes protagonistas no es tan fácil, pero como es lo que me ha ocurrido, voy a hacer mi comentario tres en uno, permitiéndome la pequeña licencia de hacer referencia en este hilo a la tercera, que no pertenece a las funciones del TR. Los repartos y funciones fueron los siguientes.
12 Jul.- Festival del Tirol (Feola, Wang, Meachem- dir.Ascher Fisch) 14 Jul.- TR (Sierra, Flórez, Salsi) 16 Jul.- TR (Zaharia, Anduaga, Rucinski)
Un amigo mio ha definido la Traviata de Nadine Sierra como arrolladora; estoy totalmente de acuerdo: arrolladora , impetuosa, inquebrantable …..su interpretación te deja por momentos casi sin aliento, el volumen es cuantioso, las agilidades muy buenas, su presencia física y entrega actoral indudables, la voz está en un momento de madurez y quizás de transición hacia papeles algo más pesados que va escogiendo con indudable inteligencia. Si bien su timbre no está entre mis favoritos, y sobre todo creo que en la zona aguda pierde redondez, es capaz de colorear el sonido con suficiente variedad, aunque había momentos en que se excedía un poco en el uso del vibrato y en otros efectos tipo jadeos, sollozos, etc, no sé si para conseguir mayor varacidad o mayor dramatismo, que a mi no me gustaron. Dicho todo esto, y a pesar de que salí muy satisfecho de su interpretación, siempre me pasa lo mismo con esta cantante. Me impresiona más que me emociona, me asombra más que me toca la fibra. A mi no me molesta en absoluto que los cantantes hagan variaciones, las hay por ahí para enmarcar, y de hecho en el “Croce e delizia” hizo una maravillosa cadencia en la que en vez de irse a la tónica sobreaguda se quedó medio tono más baja, con un bellísimo efecto. Pero es verdad que a lo largo de la ópera, la exhibición de tanta variación, de un uso casi chulesco del fiato (porque lo tiene), acaba o cansando un poco o al contrario, haciéndote desear más y más, lo que no sé si es lo mejor para la definición de un personaje. Con todo, estuvo estupenda, y su “Ahhhh gran Dio morir si giovane” y “Se una pudica vergine” no se me van de la cabeza
Por contra, Adela Zaharia no ofreció ninguna variación ni sus sobreagudos perfectamente timbrados, se alargaron más de lo necesario. La voz es de una belleza innegable, con un color oscuro en la zona grave que le permite un canto muy natural en la escenas más dramáticas. Tiene una espléndida técnica que lució en unos tresillos y semicorcheas milimétricos y llenos de sonido en su famosa cabaletta, nada de los apresurados ay, ay, ay que escuchamos tantas veces. No tiene ni de lejos la expansividad expresiva de Nadine, pero su “Addio del passato”, con unos filados que salían de ninguna parte y aumentaban hasta quedarse en una media voz controlada al milihercio, era verdaderamente el de una moribunda, y por lo menos a mi me dejó sobrecogido. El “Addio” de Sierra, muy bien cantado, me pareció el de una tísica llena de salud.
En el concertante, la voz de Nadine refulgía y era la protagonista, mientras que la preocupación de Adela era que su línea de canto empastase a la perfección con el resto de solistas, coro y orquesta.
Pues ni mejor ni peor, dos interpretaciones excelentes y diversas, y todo depende de cómo el que escucha vea a la desdichada Violetta.
Y menciono a Rosa Feola, que me convenció por su emotividad , por su canto natural, por su timbre redondo y mórbido de lírica pura, por su visión del personaje ( a pesar de ser una versión de concierto, ella y Meachem actuaron casi como si estuvieran escenificando), una Violetta que sabe de la fatalidad de su destino y que no es feliz en ningún momento de la ópera. Y sobre todo por la enorme calidad de su fraseo. Su ventaja es que, siendo italiana , puede hacer unas matizaciones muy imaginativas en el desarrollo del carácter del personaje. Técnicamente, es igualmente impecable, con excelentes agilidades y unos sobreagudos luminosos y esmaltadísimos.
De los Alfredos, innegablemente la interpretación de Juan Diego Flórez estuvo a años luz de los demás; a pesar del volumen justito, la calidad variedad del fraseo, la imaginación y libertad en las acentuaciones y una especial emotividad en la interpretación (tanto en que hubo momentos en que resultó en exceso lánguido y remilgado) fueron en general muy superiores.
De Xabier Anduaga, a quien llevo siguiendo casi toda su carrera, me estoy cansando un poco de hablar de la belleza de su voz, un auténtico regalo de la naturaleza. Es verdad que estuvo escénicamente más suelto que otras veces, pero no matiza mucho, tiende a cantar todo en forte ( a pesar de sus excelentes medias voces y pianos cuando quiere) y sigue teniendo un enorme caballo de batalla con su pronunciación italiana: aunque va mejorado, decir a estas alturas “lunge de lei” es imperdonable.
Rucinski me parece un cantante cada vez más genérico en su expresividad (cantó “Di Provenza” como quien lee el periódico), su zona aguda se empequeñece y aplasta, aunque conserva una cierta calidad de fraseo a veces, y sobre todo, un fiato del que hace gala especialmente al final de arias y cabalettas, lo que siempre asegura el aplauso.
A pesar de su voz opacada y de una notable monotonía actoral, y un uso inadecuado de unas medias voces y apianamientos que no venían a cuento, me gustó más Luca Salsi.
Pero muy por encima de los dos estuvo para mi gusto Lucas Meachem, auténtico barítono lírico, a quien veremos en unos meses en Madrid haciendo el papel de Escamillo.
El montaje ya lo había visto hace unos años y no me había llamado nada la atención; pero esta vez, fijándome más, el segundo acto me pareció lleno de buenas ideas, y que Alfredo cante su aria mientras los dos juegan entre esos sofás de horrendo tapizado resulta muy poético. Lo del reloj está muy visto y es una obviedad, pero funciona. Los coros están muy bien resueltos en su relación con el argumento, jugando con la infidelidad de Violetta y el ataque de cuernos de Alfredo.
La escena de los billetes es de esas que , como la del enfrentamiento de las dos reinas o la aparición del Comendador, definen por sí solas una ópera. A mi me parece que la visión de Violetta tirada sobre el reloj inexorable con unos cuantos billetes para que vaya tirando el poco tiempo que le queda, resultó en una potente imagen y un alto grado de humillación para la descarriada, que, al fin y al cabo, es de lo que se trataba.
Me gustó mucho cómo resolvieron en el Tirol este cuadro; obviamente no hubo ni billetes ni reloj ni nada: pero después de haber tratado a Viloetta con una severidad y distanciamiento casi insufribles en su dúo, resultó conmovedor ver entrar a Germont cantando su parte sin dirigirse ni mirar a Alfredo, como se suele hacer, sino a Violetta , y acercarse a ella para, delante de todo el mundo, ayudarla a levantarse mirando desafiante ( Meachem tiene además una gran presencia) al resto de solistas y coro, que representan precisamente a esa sociedad a la que él quería a toda costa ocultar la relación de su hijo con una cortesana. Dramaturgia muy efecticva. Bastante decepcionante a mi modo de ver la dirección del maestro Nánási, que consiguió además que la orquesta ni siquiera produjese un buen sonido. Tremendas descoordinaciones entre metales y cuerda. Esos trinos de la cuerda en el último preludio, que deben ser veloces, transparentes y etéreos, como el alma de Violetta que se va, ni siquiera se escucharon, y eso que estaba encima del foso. Muchísimo mejor y más conmovedor Ascher Fisch con la Orquesta del Tirol, que no sé de dónde sale ni por quién estará compuesta.
Los coros también incomparables, muy por encima y en su nivel altísimo el del Teatro Real.
Última edición por zerbinetto el 18 Jul 2025 20:09, editado 5 veces en total
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