gakugeki escribió:
Muy grata velada en la Zarzuela con Catalina, de Gaztambide.
Música deliciosa, italianizante, con coros belicosos, algún dúo cómico de esos que muy cómicos tampoco son pero uno aprecia la intención, algún aria muy lírica a la italiana, instrumentación espabilada y ágil, etc. El alucinógeno libreto de Luis de Olona, posiblemente émulo hasta cierto punto del de Zar y Carpintero, describe los amoríos de Pedro el Grande y la pizpireta tabernera Catalina durante una campaña contra los suecos. El supuesto rusismo que adorna la partitura me parece bastante espurio. En todo caso, se trataría de una Rusia de historia ficción sometida secularmente a una invasión italiana.
Un Gaztambide atípico éste de
Catalina. El compositor navarro era un tipo mal encarado, con muy malas pulgas y con un pronto intratable, pero sin embargo componía unas melodías refinadísimas, de trazo delicado y exquisito vuelo. Pues bien, esta
Catalina, a pesar de que fue su obra más popular, no es precisamente la quintaesencia de ese estilo suyo tan proverbial. Muy al contrario, es una obra, sobre todo en los dos primeros actos, vigorosísima, de continuo ritmo marcial y sonoridades robustas. En el tercer acto, en cambio, la cosa se remansa algo y aparece el Gaztambide más auténtico (Arrieta, que como crítico se desenvolvía en aquellos tiempos, ya incidió en la crónica posterior al estreno, que lo bueno de la obra, a pesar del éxito popular de los dos primeros actos, estaba en la parte conclusiva). En mi opinión, aunque la obra entra muy bien por su facilidad melódica, hay exceso de clangores y de tumultos, y faltan contrastes y matices.
Pero si ya la obra peca de estruendosa, encima los intérpretes (con el director a la cabeza) se regocijaron en el exceso. El maestro José María Moreno dirigió a golpe de cañonazo, con un sonido mazacote y unos tempos desenfrenados. La pareja protagonista (la soprano Vanessa Goicoetxea y el tenor Gustavo Peña) cantaron a grito pelado (parecían más bien Tarzan y Jane llamando a los elefantes), y encima ninguno de los dos anda escaso de volumen precisamente. Bastante más entonada la pareja secundaria (Marta Matheu y Eduardo Aladrén), y el mejor fue Javier Franco en un papel bombón como es el del cosaco Kalmuff, bastante contenido y elegante en un personaje que, visto como estaba el patio, se podía prestar al máximo desparrame. Sencilla y eficaz la puesta en escena que, sin mayores complicaciones, se limita a contar la historia para ir engarzando un número tras otro, sin que se pierda el sentido de la narración.
Esta trilogía (de lo mejor de una temporada ya de por sí magnífica) tiene pinta de ir
in crescendo, porque me hablan maravillas de
El diablo en el poder, de nuestro gran padre Barbieri

.
gakugeki escribió:
El supuesto rusismo que adorna la partitura me parece bastante espurio.
Completamente espurio. Ya desde el estreno se le criticó mucho a Gaztambide que el cosaco Kalmuff se presentara en escena cantando... ¡un vito!
