Hasta cuándo seguirá el timo de la estampita de los directores de escena, las "propuestas escénicas" y el rollo macabeo...
El Sr. Decker nos saca en el primer acto la explanada color espiga de su Onegin de Paris, las levitas que tanto vimos en su ínclita Tetralogía, las casitas de "La ciudad Muerta", los retratos de ésta y del Boris del Liceo... Eso es la "innovación", "la creatividad" y blá, blá, blá.... En fin, la repetición, el autoplagio y la estafa de todos los días.
Un coñazo de Werther con un Filianoti en la tradición de protagonistas italianos, que luce su bonita voz, su agudo problemático, sin solucionar técnicamente y un fraseo insulso y anodino. Una Ganassi inexistente en los dos primeros actos y que saca algo a pasear la voz en el tercero y cuarto. La Toledano, muy verde, stridulina, con notas altas penetrantes y timbradas, pero con exceso de metal. En escena, ñoña y cursilona a más no poder.
Infame Villaume. Bastorro, deslabazado, ruidoso, pachanguero, con un sonido orquestal espantoso. En plan banda de villorrio y arrojando dicha banda a los cantantes en muchos momentos y de manera burda. Nada del delicadeza y perfume de la ópera francesa, nada del colorido Massenetiano y de su lirismo envolvente. Un horror.
La ópera está mejor que nunca
