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Es muy raro que hable en este foro sobre cosas que no he visto pero acabo de ver este Così que grabé cuando se emitió en "El Palco".
Michael Haneke presenta esta obra como una película de enredos amorosos, a veces uno cree estar viendo "Closer". Los protagonistas son jóvenes del siglo XXI muy enamorados entre sí, cuya situación de felicidad y pasión pronto se ve alterada por los enredos del matrimonio conformado por Alfonso y Despina, que parecen sacados del siglo XVIII ó XIX ya que él está vestido como en la época de Mozart y ella se pasa todo el primer acto vestida de Pierrot. A diferencia del Don Giovanni que le siguió un mes después, ésta sí es una producción moderna que es fiel al libreto de Da Ponte o al menos lo intenta.
La apariencia de Alfonso además de ser la de un filósofo también parece ser la de un libertino de su época: todo en él lo delata. Miradas serias o sarcásticas que muestran a un personaje que se siente superior a los demás, además de tomar una actitud voyeurista con la evolución de las relaciones de los protagonistas. Es más, me parece que es el personaje que cobra más fuerza y que se roba todos los planos, engulléndose a los demás.
Despina en el primer acto es la ignorada: se muestra recelosa de las relaciones de los protagonistas, es tratada como una tonta, algo reforzado por su Pierrot. Al principio se suma al plan de su perverso marido pero finalmente disfruta de su malévolo juego.
Los protagonistas escogidos para esta producción lo han sido por tener un físico adecuado a los papeles: jóvenes y atractivos: Fijémonos en la belleza casi efébica de ellos, el cuerpo escultural de Fiordiligi o la belleza fría pero casta de Dorabella.
Otra cosa que me ha llamado mucho la atención es que al parecer existe un presencia de dos época muy distintas en el escenario: si tomamos el salón de la escena visto desde el Palco Real podemos observar que su mitad derecha tiene una decoración del siglo XVII: un salón amplio con una vieja chimenea. El lado izquierdo es de nuestra época: un lienzo con una ilustración ambientada en la otra época, con un frigorífico y un estante lleno de libros. Por otro lado, los personajes: las parejas de enamorados son del siglo XXI, Alfonso del XVIII , Despina parece atemporal y el coro viste mayoritariamente como en la era de Mozart. Es como si al salir fuera la época del compositor y sus convencionalismos esperasen a la pareja que vive en su burbujita actual. Por ello cuando Ferrando y Guglielmo salen para ir a la guerra o vestidos de albaneses lo hacen con trajes, pelucas o vestimenta de esos tiempos.
La versión de Haneke apuesta por el drama y la pasión, como buenos jóvenes vemos a los protagonistas muy apasionados con sus muestras de afecto y muy viscerales: cuando ellas rechazan a los albaneses aludiendo a su pureza o los besos apasionados que se dan ante un Alfonso sujetavelas.
Mortier, y esto parece sugerirse en más de una dramaturgia actual, sugiere que las parejas lejos de perdonarse y reconciliarse; se separarán definitivamente, y después de tanto enredo es lo más evidente. Cuando el engaño ha sido consumado sorprende (o debería sorprender) al espectador moderno que las parejas se perdonen todo y corran un tupido velo, presentándonos un final feliz como el del gusto de la época. Por el contrario, el final aquí muestra lo irreversible de la situación: las parejas terminan tensas: increíble el momento en que Fiordiligi y Ferrando parecen unirse antes de ser separados por sus respectivas (ex)parejas, que terminan por tirar por tierra la última esperanza de pareja en la obra.
Y es que el libreto de Da Ponte, me parece demasiado moderno y atrevido para le época de su estreno. La liberal Despina hace unas reflexiones que escandalizarían a más de una aristócrata de los palcos del teatro en que vio sus primeras funciones, o las reflexiones filosóficas de Alfonso qué nos muestran que la mujer no es de fiar, infiel por naturaleza, que es lo que termina transcurriendo en la obra. Todo un doble sentido.
La producción me parece pensada para un público joven y moderno, que es el que al parecer abarrotó el Real hace casi un año. Entretenida, que plantea la obra desde una visión familiar al espectador actual y muy cinematográfica como no podía ser de otra manera por parte del oscarizado director.
Sobre el lado musical no puedo pronunciarme debidamente: primero por no haber visto estas funciones en vivo y segundo porque la puesta en escena acapara toda la atención. No he reparado tanto en la dirección musical Sylvain Cambreling, pero el hecho de que la obra dure entre 15 minutos y más de media hora más de lo que debería durar dice poco en favor, entendiendo el sopor de los asistentes a estas funciones.
William Shimell actúa muy bien (este barítono ha trabajado como actor, en una película de Abbas Kiarostami y en "Amor", la película que le valió el oscar a Haneke) y tiene el porte para Don Alfonso. Pero el canto no está a la misma altura: la voz no es nada grata e incluso diría que en ocasiones roza el ladrido.
De los protagonistas no me gustó nada Andreas Wolf, otro barítono con buena apariencia física y voz fea, carente de interés, a veces insulsa. Juan Francisco Gatell sí que cantó con cierto gusto a Ferrando. No sé cómo sonará en vivo pero su voz de tenor me pareció muy bonita y no me decepcionó en ningún momento. Annett Frisch fue la mejor: una Fiordiligi exuberante que le puso mucho fuego a sus aceptables interpretaciones, especialmente en su aria del acto segundo. Paola Gardina como Dorabella no me pareció muy destacable.
Muchas malas críticas le cayeron a Kerstin Avemo como Despina. A falta de verla en vivo, en vídeo tampoco me parece que su voz haya llamado la atención.
Este Così, como todas las producciones funcionará mejor en vivo que vista por la tele. De momento ha estado en Bruselas y pronto estará en Viena, en las Festwocehn. Ojalá alguna vez se reponga en el Real (tendría sentido al ser producción propia). Así podré degustar mejor y justificar el entusiasmo que ha despertado entre mis conocidos que sí asistieron y el éxito que tuvo, hasta el punto de que hay quien asegura que no sólo es uno de los grandes éxitos de la era Mortier sino del nuevo Real.
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