|
La función de hoy ha tenido mucho de cumplir con una obligación cual es la de dar a conocer al público melómano las obras que los compositores "de casa" realizan y que por razones bien sábidas permanecen ignotas. ¿Quien sino la Quincena -o el Teatro Arriaga, o la ABAO- tienen la obligación de acordarse de vez en cuando de los compositores vascos y sus óperas? Por ello es de aplaudir la iniciativa delfestival donostiarra.
Dicho esto tambien quiero apuntar que la función ha tenido dos lastres más o menos reseñables: una, el presentarla en versión de concierto, lo que para el tercer acto es un handicap; y la segunda, las limitaciones vocales de alguno de los protagonistas. No debe ser fácil convencer a nadie de que se aprenda una obra en euskera para cantarla una o dos veces en su vida.
Gernika se ha ofrecido en versión de concierto y, de nuevo, nos han ofrecido a modo de ayuda unas diapoitivas que sin llegar a la tontería de las anteriores Las golondrinas han sido otra oportunidad fallida de hacer algo digno. Imágenes estáticas, montañas nevadas de los Alpes y similares que no aportaban nada; por el contrario las imágenes del bombardeo fueron tan recurrentes como poco imaginativas.
¿Y las voces? ¡Ay, las voces! Ana María Sánchez, practicamente retirada de los escenarios, cantó Gernika con su conocida voz, potente pero mrmadísima en los agudos. El papel pide una voz con centro potente y no es muy exigente por arriba; otra cosa es que la soprano alicantina esté huérfana de cualquier nota aguda y tenga ue recurrir al grito permanentemente.
Federico Gallar cantó el malo de la función, Podio, y fur mucho mejor actor que cantante. El papel es muy dramático y exigente en la zona grave y ahí Gallar anduvo justito, más aun en el agudo. De todas formas su caracterización fue ejemplar.
La mejor voz, con enorme diferencia, fue la de Gustavo Peña, Gogor, de un lirismo y una luminosidad arrebatadoras. Por contra la peor voz, hasta la preocupación, fue la de Enrique Baquerizo: sencillamente está destrozado. Se empeña en cantar de bajo solemne como Rey cuando ni es bajo ni tiene voz para baritonear: el resultado fue el agujero más negro de toda la función.
Gratamente sorprendido con la buena forma de Alfonso Etxeberria cantando al anciano (que ya no es un niño) y con la voz fresca de Fernando Cobo como Publio.
El resto de papeles episódicos fueron interpretados por miembros de la Sociedad Coral de Bilbao con prestaciones más que dignas.
Digna de aplauso la entrega de José Ramón Encinar dirigiendo una obra que tiene puntos algidos (acto I) junto a otros más flojos (toda la escena del rey y el homenaje) aunque sigue teniendo como base principal un acto III, el del bombardeo, que se nos presentó con mucha espectacularidad, aunque sin llegar al estruendo de la grabación de Decca.
Será difícil que podamos escuchar de nuevo esta obra; por ello me congratulo de haber tenido esta oportunidad y de que la grabación esté en la calle.
PD1: floja entrada. Más de un 20% del Kursaal estaba vacio.
PD2: aunque fueron pocos, los que abandonaron la función en medio de la función podían haber utilizado el descanso para irse sin molestar.
PD3: breve reunión de frikis post-Gernika. Coociendo a algunos se me está quitando el complejo.
PD4: gané la apuesta. Siddharta no vino.
|